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Misiones Franciscanas. Proyecto franciscano de Fraternidad

Recordar los comienzos.

  • "Después que dejamos el mundo, ninguna otra cosa tenemos que hacer, sino seguir la voluntad del Señor y agradarle a él (Rnb 22,9).

  • "Para eso os ha enviado al mundo entero, para que de palabra y de obra deis testimonio de su voz y hagáis saber a todos que no hay omnipotente sino él" (CaO 9).

La llamada de Francisco y de sus seguidores a ir a misiones fue, desde el principio de su conversión, el horizonte de su vocación.

También hoy nosotros hemos sido llamados a vivir esta dimensión misionera, a dejar todo para seguir a Cristo "pobre y humilde" y, contemporáneamente, a ponernos en camino por el mundo, "sin llevar nada". La vocación, la itinerancia y la misión son inseparables.

Hoy día puede parecer absurdo ir a otras naciones, a otras áreas de misión, cuando estamos rodeados de gente indiferente. Puede parecer irracional ir cuando no logramos mantener en pie nuestras estructuras. "La misión es un problema de fe" (Redemptoris Missio), es el índice de nuestra fe, de nuestro amor. "Les echó en cara su incredulidad... Id al mundo entero (Mc 16, 14-15).

Con frecuencia lo contrario de la fe es el miedo, la falta de confianza, la falta de valor para ponernos en camino.

En Europa tenemos todavía tantos franciscanos de tantas familias, de todas las edades, pero quizás demasiado atentos a no rebasar los límites provinciales y nacionales. En ciertas naciones o en ciertas áreas culturales, nuestras presencias empiezan a escasear, precisamente cuando se tiene tanta necesidad de testimonio y de anuncio valiente del Evangelio, como en los primeros tiempos de la aventura de Francisco.

Es importante...

  • Disponerse positivamente a vivir en Fraternidades interculturales.

  • Tener en cuenta, en la vida cotidiana, las prioridades de nuestra Regla: "espíritu de oración y devoción", clima fraterno de relación, evangelización en fraternidad, formación...

  • Aprender la lengua de las naciones en la que uno vive y usarla como lengua de la Fraternidad.

Ir, ¿pero cómo?

Muchas de nuestras vocaciones nacieron de experiencias y de aspiraciones misioneras. También hoy en día hay muchos Hermanos dispuestos a reemprender el camino itinerante de la evangelización.

¿Por qué no apoyar este deseo-espera? ¿Por qué no responder a la petición del mundo actual de testimonios evangélicos, de personas dispuestas a dar razón de su esperanza? Tenemos el deber de escuchar estas ansias evangélicas, de acompañarlas y verificarlas en fraternidad.

Si queremos que el muevo milenio sea más humano, urge que respondamos teniendo en cuenta la característica más convincente y profunda que nos dejó en herencia san Francisco: ¡la Fraternidad! Concretamente, que respondamos creando en las diversas partes de Europa -como en los primeros tiempos de la Orden- Fraternidades interprovinciales e internacionales que sean "signo"  concreto de solidaridad, pro-vocación para un nuevo "esquema" de sociedad, basado no sobre la cultura del triunfo, de la fuerza y de la eficacia, sino sobre la cultura del "hermano Francisco, pequeñuelo, siervo, que está a los pies de todos"

En el momento oportuno se encontrarán los modos concretos para verificar juntos la idoneidad de quienes se ofrecen voluntariamente a "ir" o el sentido y la tipología de estas Fraternidades. Nuestras Fraternidades locales o provinciales adquirirán nuevo vigor, apremiadas a ofrecer signos concretos de radicalidad evangélica, de comunión y de colaboración, de reconciliación y de paz.