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LA MISIÓN RECONCILIADORA Y PACIFICADORA DEL FRANCISCANISMO

Fr. Vicente Felipe, OFM
Coordinador de Justicia y Paz de CONFER, España

Me propongo hacer aquí algunas reflexiones sobre la misión reconciliadora y pacificadora de los seguidores de Francisco de Asís siguiendo de cerca la carta de los Ministros Generales de la Familia Franciscana con ocasión de Pentecostés de 2005, titulada Instrumentos de Paz. Reflexiones que, inspiradas en la vivencia y el mensaje del hermano Francisco, iluminen algunas situaciones de nuestra vida y misión.

1. La paz en San Francisco

San Francisco en su Testamento, nos dice: "El Señor me reveló que dijésemos este saludo: "El Señor te dé la paz" (Test 23). Y así lo hacía y así lo hacían sus hermanos. Pero el saludo y el deseo de paz se transformaron con frecuencia, en la vida de Francisco y de la primitiva familia franciscana, en verdaderas iniciativas a favor de una paz concreta. Todos recordamos esos episodios: La reconciliación entre el Podestá y el Obispo de Asís (cf. LP 84), la pacificación de la ciudad de Arezzo y otras ciudades (cf. SC 108; Flor 11), la visita de Francisco al Sultán (cf. 1 C 57) y el episodio del lobo de Gubbio (cf. Flor 21).

El saludo de paz y las iniciativas a favor de la paz eran parte integrante de la autocomprensión, del estilo de vida y de la misión de los primeros hermanos, y por ello eran reconocidos como un verdadero movimiento de paz, de tal suerte que Tomás de Celano nos presenta la fraternidad primitiva como una verdadera delegación o embajada de paz (cf. 1 C 24).

Su misión de paz nacía de un corazón pacificado, fruto de una experiencia de perdón, de misericordia y de gratitud. Promovían la paz mediante actitudes concretas y cotidianas: mediante la pobreza y la simplicidad que nacen de la ilimitada confianza en Dios y que les conducían a no querer apropiarse de nada (cf. 1 R 7,13; Adm 2) y a ser y estar libres para abrazar y servir a los leprosos (cf. Test 1-3). Porque eran pobres no necesitaban armas para defender sus bienes (cf. TC 35), se sentían libres de toda pretensión y de toda reivindicación, y veían a los otros no como concurrentes o enemigos sino como hermanos y hermanas en Jesucristo.

"Trabajando (cf. 1 R 7,1-9), viviendo entre los pobres y los excluidos (cf. 1 R 9,2), rechazando el dinero (1 R 8, 1-12), nueva y brutal forma del capitalismo de entonces, Francisco y los suyos atestiguaban proféticamente la posibilidad de un modo diverso para vivir juntos, y de una sociedad civil y eclesial iluminada por el Evangelio" (1)

Según el pensamiento de Francisco los hermanos menores están llamados a descubrir lo positivo que hay en cada persona, a tender la mano para acoger fraternalmente a todos, a evitar favoritismos y partidismos, a no suscitar litigios y rencillas, a "ser pacíficos y modestos, mansos y humildes" (Rb 3,12) y a empeñarse en el restablecimiento de la fraternidad y de la concordia. El franciscano no es la persona del juicio y de la condena, no se enfada por el pecado de los otros ni exige su cambio, sino que ofrece, como impulso a la conversión, el buen ejemplo propio. Es en ese contexto que en el n. 58 de la Leyenda de los Tres Compañeros se nos resume el mensaje de Francisco: "Que la paz que anunciáis de palabra, la tengáis en mayor medida en vuestros corazones. Que ninguno se vea provocado por vosotros a ira o escándalo, sino que por vuestra mansedumbre todos sean inducidos a la paz, a la benignidad y a la concordia. Pues para esto hemos sido llamados: para curar heridas, para recomponer fracturas, e ir en busca de quien está perdido".

Todo esto pertenece a la esencia del carisma franciscano, por lo cual trabajar por la paz no es opcional para los franciscanos (tampoco para cualquier seguidor de Jesús). Quiero hacer sólo tres apuntes sobre nuestra tarea actual como cristianos y como seguidores de Francisco en el trabajo por la paz:

2. Instrumentos de paz en las relaciones interpersonales y en las estructuras sociales.

En primer lugar hay que decir que estamos llamados a trabajar por la paz a nivel personal, comunitario, social y político, porque esos son los diferentes niveles en los que nos movemos las personas y unos influyen en los otros. No basta quedarse en el nivel personal (lo de tener la paz en nuestros corazones), ni en el nivel de las relaciones interpersonales y comunitarias, estamos llamados a trabajar activamente también por la paz social, como hemos recordado que hizo Francisco en diferentes ocasiones . Me parece necesario insistir en esto porque con frecuencia los cristianos y los franciscanos hemos hablado sólo de las dos primeras dimensiones, la personal y la comunitaria, pero hemos dejado al margen la dimensión social. Pienso que hay que trabajar por la paz en las tres dimensiones al mismo tiempo: como valor profundo en lo íntimo de cada persona, viviendo reconciliados con Dios, con nosotros mismos, con las personas con las que nos relacionamos y con toda la creación, reconciliación que debe comprender también nuestras estructuras, nuestro estilo de vida, nuestro trabajo y nuestra misión, a fin de que todo sirva realmente para la construcción de la justicia social, del amor y de la paz, y actuación en la sociedad en búsqueda constante de la justicia, de la paz y del bien.

Los Ministros Generales en el n. 6 de su carta hacen referencia a una serie de problemas y de violencias que están interconectados entre sí, como los ecológicos y los relacionados con la pobreza y el hambre (endeudamiento de los países pobres, desocupación, emigración), la violación de los derechos humanos, terrorismo, fundamentalismos, nuevo tipo de imperialismo, comercio de drogas y de armas, el injusto sistema económico internacional que privilegia a pocos y margina a muchos, y preguntan ¿qué significa paz en este mundo salvaje, militarizado, injusto, con tantas zonas en guerra? Y afirman a continuación que "ante todas estas situaciones, no podemos permanecer pasivos o solamente espectadores conmovidos sino que debemos sentirnos llamados a seguir las huellas de Jesucristo, que ha venido 'para anunciar a los pobres un gozoso mensaje, para proclamar a los prisioneros la liberación y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y predicar un año de gracia del Señor (Lc 4, 18; cf.. TC 58)"

Lo nuestro ha de ser una búsqueda constante del bien de la vida, pero "esta acción a favor del bien, comporta la denuncia de las causas del mal, y la condena valiente de toda forma de violencia injustificada, porque hablar de paz y de justicia sin denunciar las instituciones, los sistemas y los pecados responsables de la injusticia, de la violencia y del mal, es más que hipócrita" (2). Dicho con otras palabras: ni sólo una paz intimista que no afronta los graves problemas de la humanidad y del conjunto de la creación, ni tampoco un pacifismo social y político que no lleva consigo la experiencia de reconciliación con Dios, con nosotros mismos y con las personas que tratamos diariamente.

3. Afrontar los conflictos de forma no violenta

Un camino para construir la paz es la resolución no violenta de los conflictos, tanto de los conflictos comunitarios o grupales como de los conflictos sociales. Normalmente consideramos negativos los conflictos porque nos crean gran ansiedad y porque, debido a que no os sabemos afrontar, con frecuencia tienen consecuencias destructivas. Pero el conflicto no equivale a violencia, sino que es un componente normal de la vida social y de las relaciones interpersonales dado que somos diferentes en ideas, en intereses, en la capacidad de influir en los demás, etc. "Y estas diferencias constituyen una fuente constante de episodios conflictivos". La paz no puede considerarse como ausencia de conflictos (paz "pasiva"). Con frecuencia, la negaaón de los conflictos, el mantenerlos tapados por parte de los que tienen el poder, es la verdadera violencia (por desgracia, quienes padecemos las injusticias, con frecuencia tememos afrontarlas y, cómodamente, seguimos colaborando con ellas). Por el contrario, el concepto de paz "positiva" saca a la luz los conflictos y busca afrontarlos o regularlos de forma no violenta. Si se hace así entonces los conflictos resultan positivos, ayudan al crecimiento de las personas y de los grupos.

Será por tanto muy importante aprender a regularlos. Nuestras fuentes nos aportan algunas actitudes esenciales "para actuar un proceso de paz y reconciliación, en una situación empantanada por discordias y luchas (cf. Flor 21)". Sigo aquí las actitudes que nos señalan los Ministros Generales aunque con un orden ligeramente diferente:

a) Enfrentar los conflictos activamente, exponiéndose en primera persona y comprometiéndose y no evadiéndolos. Lo más frecuente es que rehuyamos los conflictos, negándolos,

b) Porque estamos acomodados a la situación o sacamos provecho de ella

c) Porque tenemos miedo a las consecuencias de enfrentarnos a esa situación

d) Porque nos paraliza la complejidad de la situación

e) Porque nos vemos sin fuerza

Si negamos o tapamos el conflicto colaboramos a mantener intactas y a alimentar las posibles injusticias o violencias que se estén produciendo. Por eso el conflicto hay que enfrentarlo sacándolo a la luz, pero no de modo agresivo, sino teniendo en cuenta las consideaciones siguientes:

Identificar las verdaderas causas de la violencia (del problema, de la injusticia) y llamarlas por su nombre. No se puede esconder o minimizar la violencia. Solamente sabiendo reconocer y aceptando curar el mal, se puede comenzar un camino que lleve a la conversión y a la reconciliación de todas las partes. El objetivo será el restablecimiento de la justicia como base para la construcción de la verdadera paz.

Hay que reconocer que toda situación de conflicto implica un desequilibrio y un mal uso del poder, y que para que la regulación del conflicto sea positiva es necesario que la parte débil adquiera poder para que la relación entre las partes sea simétrica y se pueda dialogar y , negociar.

Rechazar la demonización de una de las partes, y reconocer en todos hermanos en los que está Dios y que tienen su parte de verdad que hay que reconocer. Todos tenemos experiencia de con qué facilidad descalificamos a los que son diferentes de nosotros, haciendo de los diferentes adversarios e incluso enemigos, en los que no cabe nada bueno (un ejemplo práctico se da en el terreno político cuando estamos absoluta e idolátricamente identificados con una opción).

Promover, mediante el diálogo, la conversión y la reconciliación de todas las partes. El camino franciscano para curar heridas y recomponer fracturas es el diálogo fraterno y respetuoso, que sabe valorar cada persona, cada cultura, cada religión.

Tratar de sanar y restaurar las relaciones más que resolver los altercados

Mantener a Dios en el centro de nuestra acción. Para ello es esencial la oración mediante la cual buscamos amorosamente el rostro de Dios y descubrimos su voluntad. En la oración se crean las condiciones interiores para que el corazón de la persona sepa abrirse a los demás. En la oración la persona se reconoce necesitada de ayuda, limitada, capaz de cometer errores, pero también se reconoce como hija de Dios y, como tal, capaz de obrar el bien y de reconocer también en las otras personas a sus propios hermanos. La confianza en la posibilidad de construir el bien, incluso en medio de circunstancias desfavorables y adversas, se funda en esta certeza. De aquí se origina también una voluntad operativa concreta, seriamente dispuesta a bajar al terreno de la realidad. Ciertamente la oración alimenta la fe y la caridad operativa de las persona y, por tanto, es un instrumento fundamental para la paz y la reconciliación.

Sólo mediante estas actitudes y criterios se puede lograr una recon:iliación y paz duraderas.

4. Promotores de una cultura de paz

Para comprender mejor lo que puede ser el compromiso a favor de la paz, hay que partir de la distinción que los estudiosos hacen de tres tipos de violencias(5): Hay una "violencia directa": el uso de las armas, las guerras, el terrorismo, los malos tratos, la delincuencia... Existe también una "violencia estructural", una violencia que no se ejerce directamente sino a través de las estructuras económicas y políticas: la división norte-sur, el sistema económico y financiero interiacional, las dictaduras políticas, el deterioro del medio ambiente, determinadas legislaciones etc. son causas de gran cantidad de vioencias como la pobreza, el hambre, la violación de derechos humaios...Y está la "violencia cultural" causada por ideas, reacciones emotivas y símbolos que legitiman tanto la violencia que hemos llamado"directa" como la "estructural", es su verdadero "caldo de cultivo". Lo tres tipos de violencia se alimentan unos a otros. A menudo la "violencia directa" se pone al servicio de la "violencia estructural", ésta suele ser la causa de la "violencia directa", y la "violencia cultural" justifica tanto la "violencia directa" como la "violencia estructural".

Pues bien, no cabe duda de que ante todas estas formas do violencia no podemos permanecer pasivos o solamente espectadores conmovidos, nos dicen los MM. GG. en el n. 6 de su carta, sino que los seguidores de Francisco, fieles al Señor Jesús que vino "para anunciar a los pobres un gozoso mensaje, para proclamar a los prisioneros la liberación y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y predicar un año de gracia del Señor" (Lc 4,18), hemos de trabajar por la paz en el mundo como parte integrante de la misión cor la que continuamos la obra redentora de Cristo en la tierra (cf. Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n° 516).

Dejando ahora, por cuestión de espacio, el cómo trabajar para eliminar la violencia directa y la estructural, diré algo sobre cómo desde nuestra espiritualidad estamos en las mejores condiciones para ser constructores de una cultura de paz, verdadera labor preventiva de la violencia directa y estructural:

a) La visión de Francisco de todas las personas y las cosas como hermanos y hermanas, nos permite superar la visión del otro: como concurrente o enemigo. Y estar junto a las cosas, cuidándolas, y no sobre ellas, dominándolas y explotándolas.

b) La espiritualidad del perdón, de la misericordia y de la gratitud nos ayuda a superar, con la paz de Jesucristo, las pequeñas guerras de la vida diaria, y las grandes guerras del mundo.

c) La espiritualidad de la simplicidad y de lo "suficiente" nos permite superar, con la estima y la benevolencia por cada forma de vida, un sistema de vida consumístico y de apropiación y la tantas formas de abuso contra la vida y la creación.

d) El diálogo fraterno y respetuoso en la vida cotidiana y en los lugares de conflicto, de tensión, de desesperación, de discordia de intolerancia y de marginación es el camino franciscano para curar las heridas y recomponer las fracturas. Diálogo ecuménico, intercultural, interreligioso

e) Nuestra vocación de ser mensajeros de la paz en este mundo nos lleva, como dicen los MM. Generales en su carta, a "ser estilo de convivencia basada en el amor y en la familiaridad, y por tanto en la no violencia, en la justicia y en el cuidado integral de nuestra madre tierra; a defender el derecho a la vida en todos los niveles, y la posibilidad de acceso a los recursos esenciales para todos; en modo particular sufrimos y queremos estar cerca de las innumerables víctimas de este mundo" (n. 9).

f) "A partir de esta dimensión profética de nuestra vocación, levantamos nuestra voz a favor del desarme en todos los niveles (cf. Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n° 508); denunciamos la utilización de niños y adolescentes como soldados en conflictos armados (cf. Compendio, n° 512), y cualquier forma de discriminación y explotación de las mujeres; condenamos toda forma de terrorismo; protestamos contra cualquier forma de colonialismo o imperialismo militar y económico; rechazamos los fundamentalismos y las tendencias al integrismo; luchamos con medios pacíficos contra cualquier tipo de estructura esclavizante" (n. 9)

5. Medios concretos para construir una cultura de paz:

Para terminar, recojo, con algunos retoques, del Ministro General OFM, Fr. José Rodríguez Carballo, una lista de medios concretos con los que ir construyendo esa cultura de paz (6).

  • Trabajar incesantemente en la pacificación de nuestro corazón y en la reconciliación con la propia historia.
  • Vivir unas relaciones interpersonales exentas de violencia o conpetitividad entre nosotros y en nuestro trabajo con los demás.
  • Evitar la acumulación y favorecer la solidaridad concreta con Ic pobres.
  • Invertir en "banca ética" o en diferentes iniciativas de economia social.
  • Apoyar proyectos de desarrollo y de ayudas coyunturales a los empobrecidos, tanto a nivel nacional como internacional. Pero cuidando que esos proyecto de desarrollo no sean paternalistas sino que respondan a las verdaderas necesidades de los pobres e intervengan ellos en su gestión.
  • Ayudar a los pobres a que "tomen mayor conciencia de su propia dignidad humana y la protejan y acrecienten" (CC.GG. OFM 97,2).
  • Anunciar la reconciliación y la conversión a quienes amenazan vida y la libertad.
  • Organizar programas de educación para la paz en nuestros colegios, parroquias, en la pastoral juvenil, en los campos de trabajo...
  • Sensibilizar a la opinión pública hacia el bien de la paz basada e la justicia a través de la predicación, catequesis de jóvenes y adultos, jornadas de reflexión y de retiro...
  • Formarnos y formar en la utilización crítica de los medios de comunicación, buscando los medios apropiados (que no suelen ser los que están en manos de grupos poderosos de comunicación) para una información veraz y ofrecerla a los demás.
  • Crear instancias de reflexión sobre la paz.
  • Apoyar a los grupos y movimientos, tanto eclesiales como sociales que trabajan por una paz con justicia (contra el comercio dearmas; cancelación de la deuda externa; firma por parte de los gobiernos de los países ricos de la Convención Internacional para los derechos humanos de los trabajadores migrantes y familias; defensores de derechos humanos; defensa del medio ambiente, etc.).

Notas

1.- MINISTROS GENERALES DE LA FAMILIA FRANCISCANA, Instrumentos de Paz, Roma 2005, n. 3c

2.- MM. GG, Instrumentos de paz, n. 8

3.- S. AYESTARÁN, El conflicto comunitario ¿una oportunidad para crecer o una amenaza de destrucción?. Frontera/Hegian, n. 13, Vitoria/Gasteiz 1996, p. 8

4.- MM. GG., Instrumentos de paz, n. 4

5.- Cf. J.P. LEDERACH, Educar para la paz, Fontamara, Barcelona 1986, pp. 26-31; L. GONZÁLEZ-CARVAJAL, El compromiso por la paz y la justicia de los seguidores de Jesús: CONFER 165 (204) 30-34.

6.- J. RODRÍGUEZ CARBALLO, OFM, El compromiso de los hermanos menores por la justicia y la paz: SEL FRAN 102 (2005) 386-388.

Pautas para una reflexión comunitaria:

1. Analiza el hecho personal que afecte profundamente, en este momento, tu vida e intenta afrontar ese conflicto de forma no violenta.

2. Analizar un hecho comunitario o eclesial que esté afectando la vida de la comunidad o de la Iglesia, entre todos/as, afrontarlo de modo no violento

3. Analizar un hecho social que afecte vitalmente a todos, hoy y aquí, y buscar el modo de afrontarlo de forma no violenta.

4. En todos los casos, analizar causas, consecuencias, formas de actuación hasta ahora, nuevas alternativas, opciones y acuerdos que se han tomado. Marcar tiempos de evaluación y confrontación de nuevo.

[Artículo aparecido en el folleto "La paz, punto de encuentro", Comisión Interfranciscana de Justicia y Paz.- Federación Interfranciscana de España, Madrid 2006]