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V.- MISIÓN-EVANGELIZACIÓN A los ojos de los contemporáneos, ajenos a la misma, la primitiva fraternidad franciscana viene frecuentemente descrita y comprendida en clave de "vida apostólica", e incluso se la presenta funcionalizada a la predicación como anuncio explícito del evangelio. De todos es conocido el papel decisivo que jugó en el proceso de conversión y clarificación del proyecto y forma de vida de Francisco, la escucha del "evangelio de la misión" en la Porciúncula (1C 22). Es normal que vista desde fuera la fraternidad franciscana, lo primero que resaltase fuera la figura del predicador apostólico itinerante, y esto tanto si se relacionaba la nueva Orden con los movimientos pauperísticos de la época, como, sobre todo, si se la ponía en relación con los consejos del "evangelio de la misión". Y, sin embargo, Francisco no es, un hermano predicador, ni la suya una Orden de predicadores. Por ello a la hora de describir la forma de vida de los hermanos en la Regla, no se hace desde la predicación, sino desde cuatro rasgos principales y concretas opciones de forma de vida: la ORACIÓN, la FRATERNIDAD, la POBREZA-MINORIDAD y la MISIÓN-EVANGELIZACIÓN. Otro tanto hacen las Constituciones generales, art. 1,2. 1.- La inspiración: Fundamentación teológico-espiritual. a) La Palabra de Cristo. Francisco prefiere el vocabulario de Juan: el envío. "Ellos recibieron mis palabras. Tú me enviaste, también los envío yo". En los capítulos 14 y 15 de la primera Regla se puede ver la fundamentación escriturística de cómo los hermanos han de ir por el mundo. En la Carta a la Orden, 9 se dice: "... pues para eso os ha enviado al mundo entero, para que de palabras y de obra deis testimonio de su voz y hagáis saber a todos que no hay otro omnipotente sino él". El envío de los hermanos esté en correspondencia con la misión-envío de Jesús. La llamada del Cristo de San Damián es evangelizadora: Repara mi casa. Contemplar para seguir a Cristo enviado por el Padre. Predicar no para predicar el dogma o establecer la Iglesia, sino participar del trabajo misionero del Hijo. El envió a que hace referencia 1R 14 y 15 es el evangelio de la misión de los 72 discípulos. Las Bienaventuranzas de Mateo definen cómo se ha de realizar la misión. b) El ejemplo de Cristo, sus opciones y praxis
mesiánica. -- actúa haciéndose él mismo pobre. 2) La praxis de la misión-evangelización franciscana. Las Constituciones generales utilizan los capítulos 1R 16 y 17. Aunque allí se hable de sarracenos, vemos que es algo más general. Los destinatarios son todos los hermanos. Y en nuestro mundo hay la misma increencia que en tiempos de san Francisco. Los hermanos Menores son siempre enviados al mundo, es su condición más propia, como se desprende del lenguaje de la Regla, el lenguaje del "evangelio de la misión": "Aconsejo, amonesto y exhorto a mis hermanos, que cuando van por el mundo..." (2R 3, 10). Pero son enviados siempre como hermanos, en fraternidad: "marchad, carísimos, de dos en dos, por las diversas partes de la tierra, anunciando a los hombres la paz y la penitencia", son las palabras de Francisco en el envío de los primeros hermanos (1C 29), y éstas tienen un valor programático y permanente. a) La comunión fraterna, "primer y preclaro testimonio en favor del evangelio" (art 87,2). Estas sencillas palabras poseen una densidad única. Tras ellas está la originalidad cristiana de la evangelización: no es primordialmente transmisión ideológica de conocimientos, ni el evangelio una doctrina; es el ofrecimiento convincente y significativo de la forma de vida y el mensaje de Jesús: el Reino. Tras ellas también, la afirmación de la prioridad del testimonio --el apostolado del buen ejemplo que diría Francisco-- sobre la palabra en la vida de los hermanos, prioridad que no lo es del ser sobre el hacer, porque supone ambos. Tras ellas la recuperación para la vida franciscana de la dimensión evangelizadora de la comunión fraterna, más allá de toda tarea o concreto quehacer, la afirmación del carácter gratuito testimonial de nuestra forma de vida (cf. art 89,1). Pero el testimonio con ser central, es una realidad singularmente débil e incluso ambigua; por ello, si por una parte no bastan los testigos individuales, son necesarios los testigos comunidad, por otra estos han de tener, para ser significativos, una cierta radicalidad expresiva. La comunidad fraterna es primer y preclaro testimonio en favor del evangelio sí es evangélica y franciscanamente significativa es decir:
Finalmente no habrá que olvidar que la debilidad y ambigüedad del testimonio
entraña también el dar razón de la propia vida, el confesar que son cristianos
(1R 16,6; CC.GG. art 90-99). El Reino de Dios, único absoluto de Cristo y su evangelio, es don en el hoy, y promesa para el futuro de Dios, de una nueva humanidad: fraterna, reconciliada, reunida en torno a la mesa del Padre: "Jesús debía morir -se lee en el evangelio de Juan- para reunir a los hijos de Dios dispersos" (Jn 11, 52). Por ello los hermanos menores, cuando se esfuerzan por realizar una auténtica fraternidad, se convierten en signo profético, y por lo mismo, dedo crítico e interpelador, de la dirección en la cual, según el plan de Dios, debe orientarse el progreso del mundo para la construcción del Reino de Dios: signo humilde, pobre, marcado por continuos fallos, y, sin embargo, signo real de que la fraternidad es posible en el mundo de hoy, y anuncio de esperanza. En una Iglesia siempre tentada de títulos y poder, que se debatirá siempre entre lo institucional y lo comunitario, entre el aspecto organizativo e impersonal propio de toda gran sociedad, y el aspecto personal, íntimo, e igualitario de toda comunidad de hermanos, la fraternidad de los menores, desde una comunión fraterna significativa, es voz profética que le hace encaminarse hacia metas de comunión siempre más altas, en conformidad con la Palabra de la que es depositaria y anunciadora. En un mundo profundamente injusto e insolidario, que sigue un modelo eficientista de producción y relaciones, la fraternidad de los menores, desde una comunión fraterna significativa, es voz profética que orienta hacía un mundo más fraterno e igualitario. Esta diaconía critico-profética del testimonio de la propia comunión fraterna es el primer y preclaro servicio en favor del evangelio por parte de la fraternidad franciscana.
El texto que comentamos afirma expresamente: "El comportamiento de los hermanos en medio de las gentes ha de ser tal que cualquiera que los vea u oiga glorifique y alabe al Padre que está en los cielos". Estas palabras miran a la comunión fraterna, a la vida fraterna "ad intra", --aunque en muy buena parte sea inexacta tal expresión-- y miran también a la fraternidad en relación. Es una vez más proclamación testimonial y profética del evangelio de la fraternidad en el ser y comportarse de hermanos de la fraternidad de los menores. Será bueno hacer referencia aquí, antes de pasar al comentario del parágrafo primero del art. 87, a otro de los aspectos evangelizadores de la fraternidad franciscana desde su comunión fraterna. En este contexto aparece silenciado en las CC.GG., pero se hace mención de él en otros lugares, y concretamente en el art. 71. Evangelizar desde el estilo fraterno de vida y relación entraña también la fraternización con la naturaleza o la creación, colocándose ante ella no como un ser despótico o dominador ni como un vulgar siervo que pierde ante ella, --desde el instinto de posesión y dominio-- la propia autonomía y el propio rostro. La fraternización con la creación se traduce, sobre todo: en austeridad de vida; en la renuncia al derroche, al uso consumista de las cosas, a la afirmación desde el tener --"falsos valores de nuestro tiempo" (art 67)--; en el respeto y reverencia a la creación y en ella a su Creador, frente al consumismo creciente de nuestra civilización occidental, y frente al tecnicismo y cientifismo, para los cuales la naturaleza no es creación, ni algo a respetar e imitar en la investigación y experimentación, sino un límite que hay que superar.
3) La fraternidad, prioridad de la acción evangelizadora
(art 87,1) Es éste un aspecto esencial y determinante de la evangelización, está inscrito en su entraña más profunda. La Iglesia como seguidora fiel de Cristo, proclama con la palabra y los signos el evangelio de la reconciliación, de la paz, el evangelio del Reino. Evangelizar es -con palabras de la Evangelii Nuntiandi llevar la buena nueva a todos los ambientes de la humanidad para transformarla desde dentro según el ideal del Reino. (...) Alcanzar y transformar con la fuerza del evangelio los criterios, los valores determinantes ... y los modelos de vida de la humanidad" (E.N. 18-19). El Hermano Menor es enviado al mundo no sólo en fraternidad de hermanos, sino también fraternizador; no sólo como hermano, sino para hacer hermanos. Desde la coherencia interna de su proyecto de vida - en la interacción contemplación, fraternidad, pobreza-minoridad y evangelización -, desde la necesaria traducción del ser al hacer, desde la correspondencia que ha de darse en la evangelización entre vida y palabra, la fraternidad entre los hombres ha de ser objetivo prioritario de la acción evangelizadora de los Hermanos Menores, en fraternidad y, desde la fraternidad; prioridad, una vez más, determinante, aunque no exclusiva. Las CC.GG. son a este respecto especialmente densas y explícitas, en éste y en el anterior capítulo: "Pacíficos y humildes"; recogen la nueva conciencia de la Orden en los últimos años sobre su propia identidad. Tendremos que contentarnos, por ello, poco más que con elencar ordenadamente los datos que ofrecen; a) Los modos de evangelización para la fraternidad
Es éste contenido fundamental de la primitiva predicación franciscana, como se desprende de los testimonios biográficos (1C 29), del ejemplo (1C 36), y de la propia palabra de Francisco : "El Señor me reveló que dijésemos este saludo: el Señor te dé la paz" (Test 23; cf. 1R, 14,2; 2R 3,13). Digno de reseñar es sobre todo el esquema-modelo de predicación que ofrece a todos los hermanos en el c. 21 de la Primera Regla; doble es el contenido de esta predicación: la invitación a la fe y la alabanza al Dios Trinidad, y la llamada a la conversión, que se manifiesta fundamentalmente en el amor que ayuda y se compromete con el prójimo, en el compartir y en el perdón. Las CC.GG. son reiterativas al respecto, ya desde el artículo primero donde se sientan las bases de esta vida (art 1,2): -- los hermanos son invitados a anunciar la paz y el bien y una nueva humanidad: "lleven a todos cuantos encuentren a su paso la paz y el bien del Señor, así como la firme esperanza de un mundo mejor» (art 85); -- este mensaje tiene unos destinatarios privilegiados: los hombres que amenazan la vida y la libertad; a ellos han de ir los hermanos "para ofrecerles el anuncio de la conversión y la reconciliación así como la esperanza de una nueva vida" (art 98,2); -- el anuncio del evangelio de la fraternidad es también invitación a la conversión a los ricos, conversión que pasa por el hacer justicia y el compartir:" ... exhórtenlos humildemente también a ellos a penitencia, y a devolver todos los bienes al Señor Dios, presente siempre entre los pobres" (art 98,1); -- por la fuerza misma de las cosas, a veces, este anuncio habrá de tener la forma de la contestación y la protesta: "denuncien con firmeza los hermanos toda clase de acción bélica y toda carrera de armamentos como azote gravísimo para el mundo y sumamente lesivo para los pobres" (art 69,2).
El compromiso es parte inalienable de toda acción evangelizadora, parte integrante de la confesión de fe, condición ineludible para el anuncio del Reino, el aliado más eficaz para una presentación creíble del evangelio, pues, la lectura de la situación de nuestro mundo a la luz del plan de Dios nos descubre una realidad a años luz de este ideal de justicia, de paz y fraternidad que Dios sueña. La Iglesia que evangeliza, como fiel discípula de Jesús, ha de unir la vida, la palabra y los signos liberadores. El compromiso por la fraternidad es también un dato sobre el que inciden especialmente las CC.GG., en línea con la experiencia originaria franciscana, y en ello se hace patente la conciencia creciente sobre su importancia en la definición de la propia identidad. He aquí algunas de las concreciones que ofrece el texto: -- los hermanos han de colaborar en aquellas iniciativas tendentes a "instaurar una sociedad de justicia,- de liberación y de paz" (art 96,2); - igualmente- "han de trabajar con humildad y entereza para que los derechos y la dignidad humana de todos se vean respetados y garantizados" (art. 96,3), y en la defensa de los derechos de los oprimidos, renunciando a toda acción violenta (art 69,1), de la vida y la libertad (art. 98,2). --en su acción evangelizadora han de respetar las conciencias y descartar todo proselitismo (art. 104); -- han de promover "la mutua aceptación y benevolencia entre los hombres", siendo los hermanos "instrumentos de reconciliación" (art. 70); - han de fomentar el espíritu ecuménico, el diálogo entre las religiones, el respeto de las culturas, etc. (art. 95). b) El camino Se da en Francisco y en las CC.GG. una coincidencia absoluta entre la meta de la evangelización: el Reino de la fraternidad, y el camino. Se quiere anunciar el Reino de la fraternidad y esto sólo es posible cuando uno mismo, persona y fraternidad, está pacificado y renuncia a toda forma de poder y violencia. Se quiere anunciar a los pobres el mensaje liberador, pero esto sólo es posible cuando uno mismo, persona y fraternidad, es pobre, se contenta con lo necesario, ... Desde esta coincidencia de camino y meta las CC.GG. proponen a los hermanos
un camino concreto para hacer hermanos entre los hombres, que- no es otro
que el camino de Cristo Siervo, al que remiten la gran mayoría de los
textos en los que se habla del seguimiento de Cristo. -- "Vayan con gozo y alegría, por el mundo, como siervos y sometidos a todos, pacíficos y humildes de corazón" (art. 64; titulo primero sobre los modos de evangelización); -- "Adopten los hermanos la vida y condición de los pequeños de la sociedad" (art. 66,1), y "condúzcanse de tal manera que nadie se sienta distanciado de ellos" (art 66,2); -- Presten especial atención a la acogida y hospitalidad (art 52); -- Esfuércense por vencer el mal con la práctica del bien (art. 68); -- renuncien a toda violencia, es decir acérquense a los hombres desde actitudes de no-violencia, que no es simple táctica, sino manera de ser y estar entre ellos (art. 69,1); -- No reclamen privilegio alguno, salvo el de la minoridad (art.91); -- Preséntense sin armas defensivas ni ofensivas, como a quien nadie teme, pues buscan servir y no dominar (art. 76,1); -- Se inserten y solidaricen con los marginados, los pobres, los oprimidos,
los afligidos y enfermos, "gozosos de convivir con ellos " (art. 97,1). El objetivo de este apartado es comentar el parágrafo 3 del artículo 87, que hemos tomado como iter de nuestra reflexión; dice así: "A fin de que la Iglesia aparezca siempre cada vez más como sacramento de salvación en nuestro tiempo, establezcan los hermanos fraternidades en ámbitos de gente pobre núcleos secularizados, considerándolas como elementos privilegiados de evangelización". El texto nos ofrece la motivación teológica (la Iglesia sacramento de salvación) y contextual (nuestro tiempo), y la valoración de estas opciones en orden a la evangelización (elementos privilegiados de evangelización). Será necesario tener presentes estos datos para entender todo el alcance real de la propuesta. ¿Por qué estas dos concreciones? Por que son dos situaciones generalizadas
y a la vez límites, en las que el evangelio de la fraternidad y el mismo
Dios del evangelio son negados, y sólo es posible reafirmarlos desde el
testimonio-presencia de una vida radical y evangélicamente fraterna desde
la confesión cristiana. El pobre es por excelencia el "sacramento" del pecado, del egoísmo y
la injusticia de los hombres y por ello lugar por excelencia de la presencia
de la fraternidad franciscana. Esta presencia es: -- comunión de bienes con ellos: "los bienes confiados al uso de los hermanos han de repartirse con los pobres" (art. 72,2; cf 53; 75,1; 82,3). Al definir la opción por los, pobres (art. 97) como inserción, y esta desde la comunión, las CC.GG. están afirmando abiertamente la prioridad del hacer hermanos en la tarea de la evangelización de la fraternidad menor. Más aún, la inserción fraterna entre los pobres ha de estar marcada por la gratuidad (en ningún momento se habla de la presencia entre ellos como táctica para el anuncio del evangelio): la gratuidad es el signo inconfundible de lo divino; sólo la presencia fraterna gratuita entre los pobres hará trasparente el evangelio de la fraternidad. b) Fraternidades en núcleos secularizados No es necesario abundar en la importancia de la presencia fraterna en estos ámbitos. En un mundo sometido irreversiblemente al proceso de secularización, y por consiguiente pluralista desde el punto de vista cultura], político y religioso; en un mundo en el que la increencia es un fenómeno creciente y de singular relevancia cultural, la Iglesia tiene que hacerse especialmente presente, sin caer en la trampa de la privatización de la fe; tiene que anunciar el evangelio. ¿cómo? La evangelización de los creyentes podrá hacerse por la vía religiosa y el anuncio explícito del evangelio; pero evidentemente, no será fácil hacer lo mismo con los no-creyentes, a los que sólo podrá llegarse por la "vía secular" de la evangelización, es decir, a partir de sus opciones en favor del hombre y los valores humanos, a partir del testimonio de vida. Detrás de esta exigencia de las CC.GG. de establecer fraternidades en núcleos secularizados está ésta profunda convicción, en perfecta sintonía con lo que Francisco dice en 1R 16, a propósito de la presencia entre «sarracenos y otros infieles". La vida fraterna de los hermanos, y una vez más desde la gratuidad absoluta, es la "proclamación silenciosa" del evangelio y el Dios del Reino, que hace posible dicha vida fraterna. 5) Fraternidad-evangelización en las CC.GG.: entre el realismo y la utopía. La lectura hecha de las CC.GG. sobre nuestro tema, produce fácilmente en nosotros sentimientos encontrados, que no son sólo los que nacen del eterno desfase entre ideal y realidad, sino también los que nacen del desfase aún mayor entre el realismo -que se contenta con lo controlable y comprobado, pues se considera lo único posible-, y la utopía. Es el sino inscrito en las entrañas mismas de las CC.GG. que no están hechas desde la realidad de nuestras vidas sino desde la utopía del ideal. Para mejor entendernos, vayamos por partes y brevemente. a) El modelo evangelizador de las CC.GG. ¿Qué hay detrás de éste capitulo sobre la evangelización? 1) Se apunta una nueva imagen de la Orden; aún a riesgo de parecer unilateral , la definiría así: más profético-testimonial y menos ministerial; más evangelizadora y menos "pastoralista", con preferencia por formas de evangelización más fronterizas y menos de conservación; 2) Hay una apuesta decidida por la evangelización desde el testimonio de la vida minorítica en fraternidad, lo que significa apostar por la radicalidad expresiva y evangélicamente significativa de nuestras fraternidades; 3) Hay una insistencia en la coincidencia entre medios y fin en la evangelización, de donde se desprende: -- como tarea prioritaria en la evangelización (prioridad determinante pero no exclusiva) el hacer hermanos; -- la afirmación de unos concretos medios para llevar adelante esta
tarea: la minoridad, la gratuidad, la preeminencia de las relaciones personales
sobre la eficacia y la burocracia, etc. b) Nuestra realidad Nuestra realidad, sin lugar a dudas, es muy otra. Evidentemente, tiene sus luces, pero desde el horizonte evangelizador que señalan las CC.GG., no son pocas las diferencias, e incluso las sombras. Señalo tan sólo, y como contrapunto de lo dicho anteriormente, algunas notas de su orientación generalizada, en relación con el tema que nos ocupa: 1) El "pastoralismo"-"conventualismo", habiendo optado por integrarnos en obras ya hechas y catalogadas en la Iglesia (parroquias, colegios,..) con lo que conlleva de estabilidad, institucionalización, etc, renunciando al fronterismo y movilidad evangelizadora congeniales con la experiencia franciscana, rompiendo, incluso, la comunión con los grupos creadores de vida y de futuro; 2) El profesionalismo, identificándonos existencial y afectivamente desde el cargo, el trabajo o actividad, y pasando en silencio o relegando nuestra verdadera identificación práctica como fraternidad de menores , con lo que conlleva de alimentación de lo que la hace crecer como tal; 3) el eficientismo: pensamos en la evangelización sólo en obras y tareas apostólicas, en trabajos (fruto en ocasiones de una opción puramente individual y de la. que no se da cuenta a la fraternidad); en el modo de hacerlos prima la eficacia en sentido amplío. c) Caminos de futuro. La confrontación un tanto radical, que he establecido entre las CC.GG. y nuestra realidad, definida desde el "realismo", pudiera parecer sin salida. Pero no lo es: las CC.GG. son la propuesta de una utopía posible, una utopía real, aunque exija, tal vez, repleanteamientos profundos de nuestra vida fraterna y nuestra acción evangelizadora. Hemos de aceptar la utopía posible como tarea, aunque sea un horizonte distante, y quizá, hasta imposible en su plenitud, hasta él hemos de caminar. El acercamiento a la utopía posible no se da sino mediante un proceso, que parte del análisis de la realidad y programa sus objetivos a corto y largo plazo. Desde aquí hemos de preguntarnos sobre el camino: ¿cómo orientar nuestro trabajo de cada día para ir haciendo posible el futuro que se nos apunta, en y desde la realidad concreta de hoy ?. Señalo a vuela pluma algunos mojones del camino: 1) Tomar conciencia que nuestra vocación primera y primer servicio evangelizador es hacer hermanos siendo hermanos; 2) Incidir en la vida de nuestras fraternidades para asegurar su calidad evangélico-fraterna, y su expresividad evangelizadora; 3) Asegurar por todos los medios la "vida fraterna" de nuestra fraternidades,
que está hecha, no simplemente por el espacio físico y cronológico, y
por la multiplicación de los actos comunes, sino sobre todo por la calidad
de los mismos y las relaciones interpersonales; pero que, en todo caso,
no se da sin unos mínimos de encuentro para la oración, la reflexión,
el diálogo, la comunicación; 5) Revisar profundamente nuestras actitudes en relación con los demás; 6) Propiciar en nuestro quehacer pastoral el paso de una pastoral de mantenimiento a una pastoral misionera y de comunidades, que consiste en "poner en el centro de las preocupaciones y las opciones pastorales el anuncio del evangelio y la llamada permanente a la conversión, y consiguientemente el acompañamiento, la iluminación y la ayuda en este proceso" . 7) Revisar también nuestros métodos y praxis de acción pastoral, tal vez demasiado burocratizados e impersonales; 8) Ir asumiendo, a través de pequeños gestos de las fraternidades y las Provincias, el conflicto entre nuestra evangelización en fraternidad y minoridad y la eficacia. (Notas sacadas de unas conferencias del Hno Julio Herránz) |