|
|
![]() |
|
34687 |
II.- EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN El título está tomado del capítulo II de las Constituciones Generales. En el art. 19 §2 dicen que: Siguiendo las huellas de san Francisco, hecho todo él no ya sólo orante sino oración (2C 95), los hermanos, removido todo impedimento y pospuesta toda preocupación e inquietud, sirvan, amen, honren y adoren al Señor Dios con corazón limpio y mente pura, porque conviene orar siempre y no desanimarse (Lc 18,1), pues el Padre busca hombres que lo adoren así. (Jn 4, 23; 1R 22,26; 29-30) 1.- La inspiración: Fundamentación teológico-espiritual. Francisco no se molesta en fundarla teológicamente. La oración no hay que justificarla; sólo agradecer a Dios el poder orar. Las Constituciones Generales en el art 20 §1 dicen: Los hermanos , teniendo presente que han sido creados a imagen del amado Hijo de Dios (cf Adm 5,1), alaben al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo con todas sus criaturas(cf Cánt 3), devuelvan al Señor Dios altísimo todos los bienes y denle gracias por todos ellos (cf 1R 17,17). La vida de los hermanos es incomprensible si se prescinde del espíritu de devoción, sin el primado de la experiencia de Dios. Se podría expresar con las palabras del profeta: "Me sedujiste y me dejé seducir".No obstante no significa que la contemplación sea lo exclusivo, el primado absoluto, ni siquiera que sea la mejor parte. Resulta peligroso afirmar el primado de la oración sobre las otras prioridades (lo que nos convertiría en eremitas o monjes... y habría que aumentar los espacios de oración cuantitativa y cualitativamente). 2. La praxis de la oración franciscana. La oración es el quehacer primero de la fraternidad. Sin momentos de oración no hay espíritu de oración y devoción. La Regla se conforma con hablar del oficio divino. La oración no es una parcela aparte en la vida del franciscano. Debe estar profundamente influenciada por la pobreza y la fraternidad. No obstante no se trata de algo específico y diferenciador. Las Constituciones hablan de los acentos orantes que el franciscano introduce en la oración de toda la Iglesia:
3. La praxis penitencial. Tiene como objetivo la vuelta, la reconciliación con Dios y con los hermanos. Los hermanos deben dar frutos dignos de penitencia: caridad, solidaridad, justicia (cf 1R 21). Deben de asumir de buen grado las consecuencias de la radicalidad de vida escogida (CC.GG. art 34 §1). Deben asumir las dificultades y heridas de la vida como parte del seguimiento de Cristo Siervo.
4. Ideal y realidad. Discernimiento y personalización.- No se dice que somos contemplativos, pero casi se nos presenta como místicos. Se tiene que superar la oposición vida activa - vida contemplativa, según indica el Concilio Vaticano II. Antes se ponía más acento en la misión que en la oración. Se decía que todo trabajo es oración. Pero lo cierto es que donde no se cultiva la unión con Dios no cabe la esperanza ni la caridad. Hay labor, pero no misión. Las Constituciones actuales acentúan la prioridad contemplativa de nuestra vida. La razón puede ser porque observan que se está olvidando, que no se cumple. Otra razón es porque en nuestro momento todo se mira de tejas para abajo. Y no caben términos medios. Decimos con Rahner que el cristiano del siglo XX debe ser un místico o no será nada. Hacen falta testigos del evangelio. Testigos del misterio. El mejor trabajo de los hermanos no será cuidar personas en hospitales o educar niños en los colegios... sino ser testigos de Cristo.
|