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I.- FORMA DE VIDA FRANCISCANA 1.- Una forma de vida en el seguimiento de Cristo Siervo. Esto se puede ver claramente en las exhortaciones que se encuentran en la Regla bulada:
El proyecto de vida franciscana está articulado en torno al radicalismo evangélico: Destacan en los textos citados anteriormente: la secuela (seguimiento) de Cristo; sobre los bienes materiales dice que hay que cuidarse de ellos y que hay que compartirlos; el amor al hermano; la no pretensión (la minoridad): después de trabajar poder manifestar: somos siervos inútiles, no hemos hecho más que lo que teníamos que hacer. Y con referencia a la misión: no llevar dinero; saludar diciendo: "paz". Francisco no quiere hacer una lectura selectiva del evangelio. Los núcleos del radicalismo han de ser tomados conjuntamente. El núcleo es Jesús-Siervo. 2.- Elementos configuradores de la forma de vida franciscana
Ninguno de estos elementos tiene sentido exclusivo sobre los demás. Además existe una fuerte interacción entre estos elementos. Por ejemplo, no todos los campos de apostolado pueden ser aceptados por los hermanos, como podrían ser aquellos que impiden la vida fraterna. Y ciertamente no se debe seguir en primer lugar el criterio de la eficacia. 3.- Los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia.- Las grandes órdenes religiosas han nacido en contextos de radicalismo evangélico. En cambio los institutos han nacido mirando más a su finalidad: atender hospitales, escuelas, misiones... Hasta el siglo XIII no aparecen los tres consejos evangélicos en las reglas religiosas. En los documentos franciscanos sólo se nombran al principio de las dos reglas, como ya lo exigían entonces las normas de la Iglesia. Al acentuar los "consejos" se hizo una reducción indebida del radicalismo. En la práctica se redujo todo a la obediencia. Esto contrasta con el monaquismo oriental que no habla de los tres consejos. 4.- Ideal y realidad. Discernimiento y personalización.- Es importante apuntar que en otro tiempo lo opuesto a radicalidad se tachaba de relajación. Hoy se tiene, en cambio, la apreciación que el radicalismo no discernido. Para condenar las posturas de los otros se las tacha de fundamentalismo. Creemos que se puede tachar de tal el radicalismo que sólo se fija en formas externas y hace los corazones duros. La radicalidad debe guardar relación con la época en la que se vive; debe ser contextual. No es la misma que en los tiempos de Francisco. No es igual en una sociedad rural o en una urbana. La cultura del momento nos hace pensar en otras expresiones de la radicalidad: hábito, pies descalzos... La radicalidad cambia con los años, para mal y para bien. Necesita de los distintos ciclos vitales. No debe confundirse con el entusiasmo juvenil. En la edad juvenil se tiende a formas externas de radicalidad. Con los años se privilegia la radicalidad de actitudes interiores: la aceptación del otro... pero se puede pasar al "realismo" craso (lo que Francisco llama la prudencia de la carne). Cuanto más se cede en lo exterior hay que insistir más en la transformación interior.
Francisco predicando. J. Segrelles |