Apunte 14. Hermanas y hermanos en un mundo secularizado



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5. El testimonio de vida

En este campo debe salir a relucir nuestro testimonio franciscano: nuestra "Presencia, participación, solidaridad con el hombre" (EN 21). Tal testimonio de vida es comprendido independientemente de un lenguaje religioso o ritual.

5.1. El testimonio franciscano hoy

Hoy en día lo más importante es el apostolado de una presencia sencilla (cf. EN 69). En nuestro mundo esencialmente secular, muchos hombres todavía saben muy poco o nada acerca del Evangelio, del Reino de Dios y de la fe. Sin embargo ellos aprecian cualidades como el amor, la fraternidad, la disposición de ser menor en el servicio a los pobres, la justicia y la paz: todos estos también son valores franciscanos. Estos son la esencia del Reino de Dios. Donde hay amor está Dios, reina Dios, está el Reino de Dios y vive la fe. Donde se viva esto, acontece el Reino de Dios. Estos valores también son la expresión concreta y el testimonio viviente de las necesidades y anhelos más profundos del hombre moderno secularizado.

El mundo actual secularizado se diferencia mucho del mundo de San Francisco, sin embargo Francisco tenía bases que también en el mundo actual son de significado extraordinario y que deben ser vividas por los hermanos y hermanas del movimiento franciscano: Libertad y alegría; Confianza en todos; Fraternidad con todos los hombres y criaturas; Estar conscientes del amor de Dios que abarca a todo el mundo; Capacidad de reconocer el rostro de Cristo en los pobres; Sentimiento de responsabilidad por la misión en el mundo, por nombrar solo algunas facetas. El mundo secularizado nos ofrece posibilidades para desarrollar plenamente las bases franciscanas.

5.2. Libertad para la vida

Mayor libertad también significa mayor responsabilidad. La vida en un ambiente más o menos secularizado, es un gran reto para nosotros los hombres franciscanos. Esto le da un nuevo sentido al "Ir por el mundo" (1 R 14s.). Tal como corresponde a nuestros diversos talentos y con base en nuestra vocación a la itinerancia, se nos abre todo el mundo. Hoy ya no necesitamos como en el mundo pre-secularizado "crear recintos sagrados" o esforzarnos por detalles y así olvidarnos de cosas más importantes como la justicia, la misericordia, la sinceridad (Mt 23,23) y otras que son de gran significado para el mundo secularizado.

Si "vamos por el mundo" de esa manera, encontramos hoy, sobre todo en las grandes ciudades, hombres de diferentes culturas que con su religiosidad y sus valores culturales nos pueden enriquecer. Si somos "modestos y humildes", entonces "hablaremos amablemente" (1R 3,11) con esas personas y los reafirmaremos en sus propios valores. También trataremos de acoger esos valores en nuestra propia cultura (cf. Mattli 1978, 41 y RM Nr. 7,37).

Por el otro lado ayudaremos a las personas, si es necesario, a liberarse de prácticas supersticiosas y de formas religiosas enemigas del hombre. Con todos los medios apropiados los estimularemos a buscar los verdaderos valores humanos y a fomentarlos: sinceridad, valor, amor, fidelidad. De esa manera podemos dar un aporte para que reconozcan en esos valores la presencia redentora de Dios (cf. Mattli 1978, 30)

5.3. "La gracia de trabajar" y el "espíritu de la oración"

Como individuos y como comunidad, aceptaremos gustosamente la "gracia de trabajar" y al mismo tiempo cuidaremos el "espíritu de la oración y devoción", al que deben servir todas las demás cosas (cf. 2 R 5). Quien se unía al movimiento franciscano, no tenía necesidad de cambiar su trabajo "siempre que no sea contra la salud del alma y pueda realizarse decorosamente". Al contrario, podía con toda libertad "ejercer el oficio que conozca" (1 R 7,3). Esto correspondería hoy a una profesión "seglar". El Capítulo General de la OFM en Madrid (1973) decidió unánimemente con base en los orígenes, que los hermanos "pueden ejercer diferentes oficios o profesiones asalariadas dentro de empresas o instituciones que no pertenecen a la Orden ni a la Iglesia. Creemos, pues, que los hermanos pueden ejercer cualquier trabajo o profesión que sea compatible con la vida cristiana y franciscana" (27s.).

5.4. Franciscanos en la Iglesia local

Nuestra vocación franciscana se cumple en la Iglesia local en la cual vivimos. Debemos vivir los valores cristianos y franciscanos en ella como corresponde a la situación concreta (EN 62). Si estamos pendientes de los deseos, anhelos y necesidades del pueblo al cual servimos, entonces nos convertimos en puntos de enlace para los valores evangélicos reales (cf. EN 55), que se encuentran ocultos en el mundo secularizado. Así podemos dar respuesta al sentimiento de vacío o a la búsqueda ansiosa del sentido de un "poderoso y trágico llamamiento a ser evangelizado" (EN 55), dirigido a nosotros por nuestros contemporáneos.

Si tomamos en serio el "nuevo humanismo" cuidaremos y fomentaremos nuestra responsabilidad por los hermanos y hermanas en todas las áreas de la vida y en todas las relaciones. Los acompañaremos en el camino hacia un "humanismo integral", que se compone de una comunidad fraterna universal ante Dios y cada uno y que debe ser una señal e instrumento para la Iglesia (LG 1; AG 1).

Francisco y los suyos se cobijan en una cueva

Para reflexionar

"Se me ha preguntado:

Si algunas personas que se alejaban resueltamente del hombre
y les gustaba estar siempre solos y que en esto radicaba su paz
y si ellos estuvieran en la Iglesia; si esto sería lo mejor?

Entonces yo dije ¡No!

Y ten cuidado porque quien es justo verdaderamente,
hace justicia en todos los estados y entre todas las personas.

Pero quien es injusto, ese hará injusticia en todos los estados
y entre todas las personas.
Pero quien es recto, tiene la verdad de Dios en él;
y quien tiene a Dios realmente en la verdad,
lo tiene en todos los estados,
en la calle y entre todas las personas tanto como en la Iglesia,
o en la soledad, o en la celda;
si en otro lugar lo tiene a él y solo a él,
entonces a tal persona nadie la puede estorbar."

Maestro Eckehart (+ aprox 1328)