Apunte 11. La opción por Cristo y la extensión universal



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1. La fraternidad en los relatos primitivos

Las historias que se cuentan acerca de Francisco, son de gran belleza poética. Existen tantas, que aunque algunas de ellas supuestamente son inventadas, está clara la afirmación básica: Francisco se acerca a todo lo viviente y no viviente como sólo lo puede hacer una persona con un corazón radicalmente reconciliado. Es sorprendente ver cómo acoge en su corazón incluso las piedras y las flores. El Cántico del hermano Sol, que Francisco compuso en el jardín de las hermanas de San Damián, muestra que no se trata de encuentros únicos y casuales con animales o con la naturaleza. Allí Francisco designa a todas las criaturas sin excepción, como "hermano" y "hermana": el sol, la luna y las estrellas, el fuego y la tierra, la muerte y la vida.

Todo está reconciliado en pares uno con otro: la luna y las estrellas con el sol, el agua con el viento, la tierra con el fuego, la muerte con el amor. Todos son hermanos, una familia única ante Dios. Que Francisco abrace la muerte como a su hermana, demuestra algo fundamental: vida y muerte, que por lo general son vistas como opuestos, están incluidas en el mundo reconciliado entre sí y con Dios. Ya no existe enemistad. Hasta el animal más salvaje, el lobo, es su hermano, aunque Francisco naturalmente prefería especialmente a los corderos y todos los seres mansos.

Tenía un trato muy confidencial con los seres débiles como los grillos, liebres, ovejas, pájaros, flores, etc., como si fueran sus mejores amigos.

Nadie puede negar la ternura con que trataba Francisco a todo, la devoción con la cual estaba marcado hasta la punta de los dedos, y la poesía que regía en todo:

  • Cuando Francisco se lavaba las manos, escogía un lugar donde podía meter los pies en esa "hermana útil, humilde, preciosa y casta" (Cant 7; LP 88).
  • Sobre las rocas el caminaba suavemente por amor a Jesús, que en la Biblia es llamado "roca" (2 C 165; cf. 1 Cor 10,4).
  • Cuando los hermanos iban a cortar leña, Francisco les indicaba que trataran con cuidado a los arboles y que talaran sólo una parte del árbol o que dejaran un pedazo del tronco, para que el árbol tuviera la esperanza de retoñar. (cf. 2 C 165).
  • Al agricultor le recomendaba no convertir toda la tierra en cultivo, sino que dejara un buen pedazo sin cultivar, para que pudieran crecer libremente las hierbas y flores. El no conocía "malas hierbas", sino solo hierbas útiles y silvestres. (cf. 2 C 165).
  • "Deja que los candiles, las lámparas y las candelas se consuman por sí, no queriendo apagar con su mano la claridad, que le era símbolo de la luz eterna" (2 C 165).
  • Recogía los gusanos del camino, para que no fueran pisoteados, sobre todo porque le recordaban a Cristo, del cual se dice en el Salmo que es considerado "un gusano y ya no un hombre, vergüenza de los hombres y desprecio del pueblo." (Sal 22,7; cf. 1 C 80 y 2 C 165).
  • A las abejas Francisco les ponía la miel o el mejor vino, para que no murieran de frío en el invierno (comp. 2 C 165).
  • A los corderos que eran llevados para ser sacrificados, los compraba para salvarlos de la muerte (cf. 1 C 79).
  • "Entre todos los animales, amaba con particular afecto y predilección a los corderillos, ya que, por su humildad, nuestro Señor Jesucristo es comparado frecuentemente en las Sagradas Escrituras con el cordero" (1 C 77).

De la relación que Francisco tenía con el fuego, se cuentan una serie de anécdotas. Antes de que el médico tratara su enfermedad de los ojos con un hierro candente, él le dijo: "Hermano mío fuego, el Señor te ha creado noble y útil entre todas las criaturas. Se cortés conmigo en esta hora, ya que siempre te he amado y continuaré amándote por el amor del Señor que te creó. Pido a nuestro Creador que aminore tu ardor para que yo pueda soportarlo'. Terminada la suplica, hizo la señal de la cruz sobre el fuego. " (LP 86; cf. 2 C 166). Una vez, que Francisco se descuidó y se le encendió la ropa, le dijo a un hermano, que se apresuró a apagar el fuego: "Amadísimo hermano, no le hagas daño al fuego".

En otra ocasión, Francisco se negó a colaborar para apagar un incendio que estaba consumiendo su celda. Incluso tenía un remordimiento de conciencia, porque rescató una piel de la celda incendiada, en vez de dejársela al fuego. Un leño encendido no debía ser tirado al suelo, sino que se debía colocar suavemente, por respeto a Dios cuya criatura es el fuego.

Tomás de Celano lo resume así: "A todas las criaturas las llamaba hermanas, como quien había llegado a la gloriosa libertad de los hijos de Dios, y con la agudeza de su corazón penetraba de modo eminente y desconocido a los demás, los secretos de las criaturas." (1 C 81)

También Clara ve en todo lo creado una imagen del Creador, una señal hacia el Redentor y una invitación a la alabanza. A las hermanas que por ratos se encuentraban por fuera del convento, les encomendaba que: "cuando viesen los arboles bellos, floridos y frondosos, alabasen a Dios; y que, igualmente, al ver a los hombres y a las demás criaturas, alabasen a Dios siempre, por todas y en todas las cosas." (Pro 14,9).

Francisco es asaltado por unos ladrones

El Cántico de la criaturas de San Francisco

" Altísimo, omnipotente, buen Señor,
tuyas son las alabanzas, la gloria
y el honor y toda bendición.
A ti solo, Altísimo, corresponden
y ningún hombre es digno
de hacer de ti mención.

Loado seas, mi Señor,
con todas tus criaturas,
especialmente el señor hermano sol,
el cual es día
y por el cual nos alumbras.

Y eres bello
y radiante con gran esplendor:
de ti, Altísimo, lleva significación.

Loado seas, mi Señor
por la hermana luna y las estrellas:
en el cielo las has formado
luminosas, y preciosas, y bellas.

Loado seas, mi Señor,
por el hermano viento,
y por el aire, y el nublado
y el sereno, y todo tiempo
por el cual a tus criaturas
das sustento.

Loado seas, mi Señor,
por la hermana agua,
la cual es muy útil, y humilde,
y preciosa, y casta.

Loado seas, mi Señor,
por el hermano fuego,
por el cual alumbras la noche:
y él es bello, y alegre,
y robusto, y fuerte.

Loado seas, mi Señor
por nuestra hermana la madre tierra.
la cual nos sustenta y gobierna
y produce diversos frutos
con coloridas flores y hierbas.

Loado seas, mi Señor,
por aquellos que perdonan
por tu amor
y soportan enfermedad y tribulación.

Bienaventurados aquellos que sufren en paz,
pues por ti, Altísimo,
coronados serán.

Loado seas, mi Señor,
por nuestra hermana la muerte corporal
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.
Ay de aquellos que mueran en pecado mortal!

Bienaventurados aquellos a quienes encontrará
en tu santísima voluntad.
pues la muerte segunda
no les hará mal.

Load y bendecid a mi Señor
y dadle gracias y servidle
con gran humildad.