1. Contexto histórico
Francisco vivía en el tiempo de las cruzadas. Estas se realizaron
a causa de la conquista de la Tierra Santa por parte de pueblos islámicos.
Los países occidentales cristianos, bajo el liderazgo del Papa,
sentían la obligación de reconquistar los Santos Lugares
para los cristianos.
Por eso también el Papa Inocencio III en 1213, incitó a
la 5ª cruzada exclamando: "Tomad la cruz y seguidme", convencido
de que actuaba por inspiración divina. Quería que cada uno
fuera personalmente o que la apoyara. Inocencio escribió cartas
a líderes eclesiásticos y políticos, a reyes, dirigentes,
arzobispos, a abades, teólogos, predicadores, a clérigos
y laicos.
También el IV Concilio de Letrán de 1215 sirvió
para ese objetivo. Los teólogos justificaban esas cruzadas con
razones bíblicas y dogmáticas. Los predicadores populares
tenían que explicarles a los fieles la necesidad de las cruzadas.
Los fieles entregaban sus pertenencias y propiedades para vencer y doblegar
al enemigo. Las donaciones para la financiación de las cruzadas,
se premiaban con indulgencias y absoluciones. En la carta "Quia maior"
del Papa, Mahoma es llamado un "engañador" y el "primogénito
de Satán", el cual generó una superstición generalizada.
Se decía que el Corán era en realidad un "velo de tinieblas"
y sólo debía ser traducido para refutarlo.
Ese gran esfuerzo arrojó resultados variados. Se conquistó
Damieta, pero murieron 6.000 cruzados, en su mayoría españoles.
Murieron aproximadamente 30.000 a 60.000 musulmanes. Los habitantes de
Damieta, debilitados por el hambre, no fueron capaces de sepultar los
incontables cadáveres en las calles. Los cruzados saqueaban a su
antojo: oro, plata, joyas, telas, vestidos y alimentos.

Programan su nueva vida
2. Los viajes misioneros de Francisco
Desde un principio, Francisco de Asís fue consciente de que era
misionero, y no era de sorprenderse, puesto que los discursos misioneros
de Jesús (Cf. Mt 10), jugaron un papel importante en el descubrimiento
de su nueva forma de vida. Por eso viajó por toda Italia para invitar
a los hombres a seguir una vida basada en el Evangelio y en la fe en Dios.
Eso mismo también lo quiere con los hombres que todavía
no creen en Cristo.
Seis años después de su conversión (1212), Francisco
quería viajar a Siria, para predicar a los sarracenos (=musulmanes).
Pero su barco fue desviado por una tormenta a las costas de Dalmacia (Cf.1
C 55). Poco después se encaminó con el hermano Bernardo
hacia Marruecos, pasando por Francia y España (Cf. 1 C 56). Pero
en España, se enfermó gravemente de malaria y debió
regresar. De esa forma también fracasó el segundo viaje
misionero.
Francisco sin embargo no desistía de la idea de la misión
islámica. En un capítulo de Pentecostés de 1219,
lo trajo a colación ante 3.000 hermanos. Se decidió enviar
a hermanos a Túnez y Marruecos. Francisco por su parte quería
viajar a Egipto. Con algunos de sus hermanos, Francisco utilizó
un barco que iba a llevar refuerzos a los cruzados en Damieta.
De esa manera Francisco llegó a Egipto entre julio y agosto de
1219. Trató de convencer a los soldados y al líder de los
cruzados, el cardenal Pelagio Galvan, de un armisticio y de lograr un
ofrecimiento de paz con el sultán El-Malek al-Kamil.
Pero la política de poder de los cristianos no permitió
una tregua, al contrario, estaban convencidos de que lograrían
una victoria completa. El 29 de agosto los cruzados fueron atacados por
un ejercito musulmán y murieron 6.000 hombres. Sólo después
de esa derrota, el cardenal le permitió al Poverello, visitar al
Sultán bajo su propio riesgo. Con el hermano Iluminado, Francisco
atravesó la tierra de nadie entre los distintos campamentos y llego
así donde el Sultán (Cf. LM 9,8). Jacobo de Vitry describe
como testigo confiable:
"...durante varios días él
y los suyos le escucharon con mucha atención la predicación
de la fe de Cristo. Pero, finalmente, el sultán, temeroso de
que algunos de su ejército se convirtiesen al Señor por
la eficacia de las palabras del santo varón y pasasen al ejército
de los cristianos, mandó que lo devolviesen a nuestros campamentos
con muestras de honor y garantías de seguridad, y al despedirse
le dijo: 'Ruega por mí, para que Dios se digne revelarme la ley
y la fe que más le agrada'' (TsJ 32) .
Obviamente Francisco dejó una gran impresión. Sin embargo
no logró su meta principal: no logró el martirio, que tanto
anhelaba, ni la conversión del Sultán, en la cual estaba
esperanzado, ni la paz entre cristianos y musulmanes, lo cual ya había
intentado antes. Mucho menos logró que aceptaran su nueva idea:
una cruzada sin armas.
Pero la forma y manera como Francisco fue ante el Sultán, es la
señal de un nuevo desarrollo, un testimonio profético para
un nuevo comportamiento. Francisco vivía el Evangelio: su exigencia
de tolerancia y sinceridad sin dejar de anunciar el Evangelio. También
en este campo él mismo se convirtió en la "forma minorum",
el principio formador de los hermanos menores.
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