Apunte 6. El origen de la misión a la luz del misterio de la Trinidad



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2. La misión del Hijo

2.1. Jesús revela al Padre

Sobre todo el Evangelio de Juan, resalta la estrecha relación entre el Padre y el Hijo. Más de cuarenta veces afirma, de una u otra manera, que el Padre ha enviado a su Hijo (p. ej. Jn 5,16-30).

Este debe decirle al mundo lo que ha escuchado del Padre. El debe liberar a los hombres de una imagen de Dios encasillada, pero fracasa con los fariseos y los escribas, estudiosos de las Escrituras, precisamente aquellos que conocían muy bien el Antiguo Testamento, y que ya tenían una imagen determinada de Dios (cf. Jn 5,36-47; 8,12-29).

Jesús es un mensajero poderoso del Padre y es su indiscutible Verbo. El Padre y el Hijo se corresponden uno al otro, y por eso Juan puede decir: "Y el Verbo se hizo carne" (Jn 1, 14). El Hijo representa muy bien al Padre; el que envía y el enviado se complementan: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (Jn 14,9). Que Jesús revela al Padre, lo relaciona Juan con otro termino a lo largo de su Evangelio: el nombre, lo cual se hace más evidente en el capítulo 17.

Francisco lo utiliza dos veces en partes decisivas de sus escritos y más detalladamente en el capítulo 22 de la Regla no bulada, que puede ser vista como "testamento espiritual". Allí la palabra aparece cuatro veces, para afirmar que de la misma manera que el Padre envió a su Hijo, así también él envió a sus discípulos al mundo; Francisco se deja envolver en esa misión y envía a su vez a sus hermanos.

Hacia el final de este capítulo tan extenso, él exclama: "Atengámonos, pues, a las palabras, vida y doctrina y al santo Evangelio de quien se dignó rogar por nosotros a su Padre y manifestarnos su nombre, diciendo: "Padre, glorifica tu nombre (Jn 12, 28)." (1R 22,41).

Igual que para Juan, también para Francisco la misión de Jesús consiste en interceder por nosotros ante el Padre y en revelarnos su nombre; él debe mostrarle a la humanidad, quién es el Padre. Dios, a quien "nosotros, míseros y pecadores, no somos dignos de nombrar..." (1 R 23,5), quiere hacerse conocer ante la humanidad.

El quiere revelarles su propia identidad y su nombre, pero en un aspecto Dios es y seguirá siendo un misterio: "invisible inenarrable, incomprensible" (1 R 23,11). En otro aspecto, Dios se ha revelado de tal forma, que Francisco no se cansa de alabarlo con una larga letanía y con muchos nombres gloriosos. (cf. AlD).

Con gran asombro, sorprendido y farfullando, une unas cualidades con otras, con las cuales quiere designar la grandeza y benevolencia de Dios, pero que no puede comprenderlas en su totalidad.

2.2. Jesús revela el amor

Entre todos los nombres con los cuales Francisco quiere designar al Dios eterno, sobresale el amor. "Dios es amor" (1 Jn 4,8). Lo varía en su letanía dos veces: "Tu eres el amor, la caridad" (AlD,4). Si Jesús vino para revelar al Padre, eso quiere decir que él revela el amor.

Esta relación la reconoce Francisco en la devota oración que él retoma para orar con Jesús por sus discípulos. "Como tú me enviaste al mundo... No ruego sólo por éstos, sino por aquellos que han de creer en mí por su palabra, para que sean consumados en la unidad, y conozca el mundo que tú me enviaste y los amaste, como me amaste a mí. Y les haré conocer tu nombre, para que el amor con que me amaste esté en ellos y yo en ellos." (1 R 22,51-54 = Jn 17,18.20.23.26).

El Padre entonces entrega su amor a los hombres, amor que es tan fuerte como su amor por su propio Hijo (cf.. Jn 15,9; 17,23.26). El mundo comprenderá ese amor, siempre y cuando los discípulos de Jesús aparezcan envueltos en él y se dejen llevar hacia una sola unidad. Orar "Santificado sea tu nombre" y anunciar el nombre de Dios, significa entonces brindar amor, regalar cercanía y afecto verdadero.

Jesús es el enviado del Padre, porque él anunció su nombre entre la humanidad: con palabras y obras él demostró que la voluntad de Dios es el amor (cf. ParPN 5). "Su mandato es que creamos en su Hijo Jesucristo y que nos amemos los unos a los otros" (1 Jn 3,23)

2.3 Jesús completa la obra del Padre

Jesús revela lo que su Padre es: amor. Este abraza a los hombres con el mismo amor que le tiene al Hijo. Jesús vino, no sólo para decirlo, sino para demostrarlo y por medio de acciones muy específicas lo revela: ¡Así es Dios! Este segundo aspecto de la misión de Jesús, se describe en el capítulo 23 de la Regla no bulada como una especie de prefacio (cf. 1 R 23,1-4). Después, Dios se le revela al hombre, creando un mundo bueno, colocando la humanidad como su centro de atracción y culminación.

La armonía, rota por culpa del mismo hombre, se restablece por la encarnación, el sufrimiento y la muerte del Hijo de Dios, el cual también intervino en la creación del mundo. Después él mismo ha de venir con "la gloria de su majestad", para juzgar y llevar todo a una armonía y orden final. Creación, redención y glorificación son la triple obra, por la cual Francisco agradece aquí y en otros lugares (cf. 1 R 16,7; ParPN 1).

El dirige sus agradecimientos al Padre quien es el que realiza la tarea redentora "por medio de tu único Hijo con el Espíritu Santo" (1 R 23,1). Del Padre emana todo, el Hijo lo lleva a su culminación y el Espíritu Santo da la fuerza necesaria para ello.

Francisco ofrece un corderillo a las clarisas

2.4. El estilo de vida misionero de Jesús

De todo lo dicho anteriormente se puede deducir un estilo de vida misionero integral de Jesús:

  • El Padre envía a su adorado Hijo al mundo, porque ama a los hombres.
  • Jesús sabe que fue enviado para anunciar a la humanidad el nombre, la esencia y el amor de Dios.
  • Su misión también está fundada en acciones, incluyendo el empeño de su vida, sobre todo con los pobres y pecadores.
  • El Hijo asume esa misión convirtiéndose en "la carne verdadera de nuestra humanidad y fragilidad" (2CtaF 4-14):

- la pobreza, la cual, desde su nacimiento, lo pone del lado de los pobres;

- el sufrimiento que asume conscientemente y lo hace fecundo para todo el mundo: El celebra la cena, para inmolar por nosotros su cuerpo y su sangre y: "de esta manera está siempre el Señor con sus fieles, como El mismo dice: "Ved que yo estoy con vosotros hasta la consumación del siglo". (Adm 1,22).

- la muerte, con la cual se entrega a su Padre "como sacrificio y ofrenda.... en el altar de la cruz... por nuestros pecados" (2CtaF 11s.).

- El Hijo nos promete la ayuda del Espíritu Santo.

La vida y los sufrimientos de Jesús por los hombres, nos indican en qué debe consistir la misión: debe tener pasión, debe ser entrega a los pobres, comprometerse con el sufrimiento y muerte de los hombres, mostrarse solidario con la humanidad; estar confiado en Dios y estar esperando en la venida de su Reino comprometido con toda la humanidad.