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Apunte 4. Formación inicial y permanente |
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IntroducciónTexto de las fuentes"Sobre los peligros del saber y de la ciencia""Un novicio se acercó a Francisco y le dijo: 'Padre, sentiría una gran alegría si pudiera conseguir un Salterio'. El bienaventurado Francisco le dijo: 'Cuando tengas un salterio, anhelarás tener un breviario; y cuando tengas un breviario, te sentarás en un sillón como un gran prelado y dirás a tu hermano: 'Tráeme mi breviario'. Diciendo esto, con gran fervor de espíritu tomó ceniza con la mano, la esparció sobre su cabeza y la restregó en la misma como quien la lava, y como hablando consigo mismo, decía: 'Este es mi breviario'. Y repetía una y muchas veces, tanto los gestos como las palabras. Luego continuó el bienaventurado Francisco: "También yo, hermano, sufrí la tentación de tener libros, pero para conocer la voluntad del Señor sobre este punto, tomé el libro de los evangelios y le pedí al Señor que me diera a conocer, en la primera página que yo abriese al azar, lo que El quería de mí. Terminada mi plegaria, abrí el libro, y ante mis ojos apareció este versículo: "A vosotros se os ha dado conocer el misterio del Reino de Dios, pero a los otros todo se les dice en parábolas" . Y añadió: 'Son tantos los que desean escalar los peldaños de la ciencia, que será bienaventurado quien renuncia a ella por el amor del Señor Dios" (Leyenda de Perusa 104). Capacitación misioneraBajo ningún concepto la afirmación anterior puede significar motivo alguno para renunciar a los estudios y a la capacitación, pues lo que San Francisco quiere evitar es que quien los posee se sienta por encima de los demás y que no sea un argumento para ejercer dominio sobre alguien. Esta fue, justamente, la preocupación tanto de Francisco como de Clara. Es natural que los hermanos y hermanas que quieran ser misioneros deben poseer la preparación y formación exigidas por su tarea; hoy por hoy está fuera de discusión que la misión en nuestro tiempo hace imprescindible el aprendizaje de lenguas e idiomas, el estudio y la valoración de la cultura en la que se va a vivir y actuar. Claro está que el propósito de la presente lección no es entretenerse en cuestiones tan elementales y obvias. Consideramos que debemos ocuparnos, mas bien, en lo que atañe a la formación del misionero en sentido específicamente franciscano. A propósito, conviene recordar que para Francisco no resulta posible hacer una completa separación de la tarea misionera en un pueblo ya cristianizado y la iniciación de un trabajo de evangelización entre no-creyentes. En uno y otro caso, lo que se persigue es un mismo e idéntico objetivo: el de vivir conforme al Evangelio, anunciando así que el Reino de Dios ya ha llegado en la encarnación de Dios en Jesús de Nazaret, el Cristo. La misión que se nos ha confiado consiste ante todo, en ser testigos de esta realidad, tarea que deberemos cumplir tanto con la palabra, como con la acción y el servicio, comprometiendo en ello todo nuestro ser. La formación no puede menos que apuntar a definir y promover tales objetivos. Sólo se es misionero/a de acuerdo con el ideal y el espíritu de San Francisco, en la medida en que se experimente un real crecimiento en la forma de vida franciscana original.
Monte Alverna Perseverar en el estudioLa formación tradicional resulta insuficiente para encarar y responder a los desafíos que hoy se nos plantean. La formación ha dejado ya de ser tan sólo una fase o una etapa de la vida, para convertirse en una dimensión que abarca y determina la vida entera, de tal manera que la persona sigue siendo a todo lo largo de su vida un permanente aprendiz, y la formación un proceso que se extiende a todo el curso de la vida. Esta nueva comprensión implica también que ya no es tanto el individuo el sujeto-objeto de la formación, sino la comunidad entendida como un todo. Prácticamente ya nada puede aprenderse aisladamente, dado que hoy en día todo aprendizaje se realiza en un intercambio vivo con los demás. Para el movimiento franciscano, se hace cada día más evidente que Francisco y Clara constituyen los modelos de la formación. Es en ellos y de ellos como se aprende a ser y a madurar como franciscanos y misioneros. Sólo partiendo de esta base será posible evaluar el sistema de educación tradicional y encontrar nuevos caminos que conduzcan a una forma de vida misionera auténticamente franciscana. Finalmente, insistiremos muy especialmente en la significación misionera de los objetivos de la formación.
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