26679

TEMA 7. JESUCRISTO. VOCACIÓN PERFECTA

Esperamos que hayas leído con mucha atención el tema anterior y que te haya servido para comenzar a orientar tu respuesta vocacional, por una dirección segura, es decir, según el plan maravilloso que Dios ha trazado para el mundo y para cada uno de nosotros. En esta carta te proponemos que continúes ahondando en la misma reflexión por medio de la figura de Jesucristo quien, como punto culminante que es el proyecto de Dios, se constituye en el prototipo del que es llamado y del que responde. Estamos convencidos de que cualquier decisión que se tome dentro del plan de Dios, debe estar iluminada por las enseñanzas y por el ejemplo de Jesucristo.

Como comprenderás, nos resultaría imposible tratar de presentar en dos páginas todo lo que significa la vocación de Jesucristo; tampoco sería necesario hacerlo aquí. Nos referimos, por tanto, únicamente a tres momentos de su proceso vocacional tal como son narrados por los evangelistas. Por ello, antes de seguir adelante en la lectura de esta carta, te pedimos que tomes la Biblia en el Nuevo Testamento y la abras en los pasajes que te indicaremos a continuación:

Lucas 2.41-52

Aquí nos encontramos con un Jesús que ya cumplido los doce años, es decir, que ha llegado a la edad en que los muchachos de Israel están obligados a observar todos los preceptos de la Ley. Pero lo más importante de este relato no es que Jesús aparezca ya obligado a cumplir la Ley, sino que empiece a hacerse consciente de su vocación y a asumir las responsabilidades que se desprenden de ella. Las inquietudes y los interrogantes que surgían en su alma de adolescente empezaron a encontrar una respuesta al hallarse en el templo; comprendió que ese templo era su propia casa porque era la casa de Dios, al que descubría cada vez mejor como su verdadero Padre. Por ello se explica la respuesta-pregunta, aparentemente tan dura, que dirigió a María:” ¿No sabías que yo debo estar en las cosas de mi Padre?”

Este Jesús, que está ya en los umbrales de la juventud, descubre, pues, su vocación y asume la gran tarea de su vida: dedicarse a las cosas de su Padre. Siente que frente a su vida se extiende un gran proyecto de horizontes ilimitados y comienza a asumir la responsabilidad de descubrirlo y de apropiárselo, aún a costa de la incomprensión de sus padres terrenos, de las contradicciones que le vendrían después o de la misma muerte. Comprendió que su vida no era una bagatela, ni un pasatiempo en discotecas, ni una evasión a través de los efectos de la droga

Mateo 3,13 – 14, 11

Como habrás notado, este largo párrafo del Evangelio se refiere a dos episodios de la vida de Jesús: su bautismo y las tentaciones en el desierto. Aunque aparentemente son dos hechos separados, es bueno tener en cuenta que hay una estrecha relación entre ellos, pues ambos son dos momentos importantes de la preparación inmediata de Jesús para cumplir la misión que le encomendara el Padre y, por lo mismo, para realizar su vocación.

De todo lo que se narra a propósito del bautismo, debemos resaltar aquí esa experiencia personal que tiene Jesús al salir del agua, cuando se abren los cielos y desciende sobre él “Espíritu de Dios”. En la Biblia el “espíritu” es el principio de la vida; es el mismo que incubaba sobre las aguas durante la creación, o el que impulsaba a los hombres de Dios en el Antiguo Testamento y los confirmaba en su misión, o el que actuó en la concepción milagrosa en el seno de la Virgen. En el caso de Jesús, recibir el Espíritu confirmado con las palabras de complacencia del Padre, es llegar a la máxima claridad de su vocación y, a la vez obtener la consagración como enviado para servir a los hombres.

El episodio de las tentaciones aparece a continuación de la investidura de Jesús como enviado de Dios y muestra a las claras que también él tuvo que afrontar dificultades para poder seguir su vocación. Al igual que cualquier hombre, Jesús sintió las tentaciones de lo fácil y placentero en provecho del propio egoísmo (1ª tentación), del prestigio y de lo espectacular que da brillo y fama (2ª tentación) y de conseguir dominio terreno (3ª tentación). Son tres espejismos al alcance de quienes quieren triunfar. Pero Jesús sabía que había venido para invertir la escala de los valores y que buscaba el servicio en vez del éxito. Permanecer fiel a este propósito fue toda su alegría.

Lucas 4,16-22

Este texto presenta a un Jesús que comienza a realizar su misión como predicador, es decir, en quien se ha cumplido el proceso inicial de su vocación. Vale la pena que te fijes especialmente en dos cosas: la primera, que Jesús aparece con una conciencia muy clara acerca de su vocación y asumiendo plenamente su misión. Por ello dice que el texto de Isaías se ha cumplido “hoy” en él y reconoce que ha sido ungido, que el Espíritu del Señor está sobre él. La segunda, es que Jesús define su misión como un “proclamar un año de gracia del Señor”, el cual consiste en traer el gran don de la libertad. En efecto, dice que “trae la liberación a los cautivos, la vista a los ciegos y la libertad a los oprimidos”.

Ese “hoy” que comienza con él, es un tiempo de salvación total; su misión es la de predicar la buena noticia a los pobres y de liberar a todo el hombre y todos los hombres de lo que los oprime y esclaviza. Y sabemos que Jesucristo cumplió plenamente esta misión, que a lo largo de toda su vida dio una respuesta al llamamiento que le hizo su Padre y que, por ser fiel a esta misión, aceptó la muerte en la cruz a fin de sellar con su propia sangre el compromiso que había hecho. Por eso Dios lo resucitó, para probar que su testimonio era verdadero.

Todo lo que hemos visto hasta aquí no es más que una breve muestra acerca de lo que significa la vocación de Jesucristo. No obstante, estamos seguros de que ya estás comprendiendo mejor lo impensable que sería pretender resolver una vocación dentro del plan de Dios sin hacer referencia a la vocación de Jesucristo. En él se dio la máxima cercanía de Dios con el hombre y es él quien mejor nos puede acercar a Dios. A través de una larga historia había sido prometido y anunciado y después de su resurrección los ojos de todos siguen puestos en él, porque en él se centran los más profundos anhelos del género humano.

Por todo esto deseamos muy vivamente que, más que antes, a partir de hoy la persona de Jesucristo se constituya en el punto de referencia obligado durante el proceso de discernimiento de tu propia vocación que estás viviendo.

San Francisco. Canto de las Criaturas.

ACTIVIDADES Y LECTURAS COMPLEMENRAIAS

1. Busca en el Nuevo Testamento Efesios 1, 3-14. Leer atentamente este himno cristológíco, destacando especialmente:

a) El papel de Jesucristo en el plan salvador del Padre,

b) La relación que hay entre la vocación de Jesucristo y tu propia vocación.

(Copia en tu diario las frases más significativas sobre cada uno de estos dos puntos y escribe a continuación tus comentarios personales al respecto).

2. En los párrafos siguientes subraya las frases que te parezcan más interesantes: "Cristo viene a ser la clave de todo proyecto vocacional. En él se encuentran en plenitud los rasgos de la vocación: es el perfecto "siervo de Dios", siempre a la escucha de la voz del Padre para obedecerle. Tiene una conciencia nítida de su elección: sabe que viene de arriba, que pertenece a otro mundo, que tiene un destino único: el destino del Hijo del Hombre.

La vocación del Hijo del Hombre no puede ser como la de los demás hombres, un cambio de existencia que se ignora; como Abraham que parte "hacia la tierra que yo te mostraré” (Génesis 22,1). No, Jesús sabe de dónde viene y a donde va. Tiene un destino único, señalado no solamente por una vocación eterna, sino que todo su ser es misión y salvación

Jesús es el Ungido del Señor que se va a revelar como el elegido de Dios y como aquel que llama a quien quiere.

En adelante es Él quien llama. Jesús de Nazaret se arroga una función antes reservada a Yahvé.

Llegado el momento llama, y “llama a quien quiere" (Mc. 3,13). Reclama para sí la absoluta iniciativa de sus llamadas, aunque sus elegidos se lo hayan pedido antes" (Jn. 15,16).

TEXTOS PARA TU ORACION

"Busca para la oración no un tiempo de relleno, el hueco que te queda en tus quehaceres, sino el mejor momento del día, el más propicio, el menos tenso. Lugar tranquilo, con el menor ruido posible, sin excesiva luz.

Hay quienes dan una importancia capital a la postura corporal. A mi juicio, hay que aprender a relajarse; pero basta que adoptes una postura ni tensa ni cómoda. Más importancia tiene el cuerpo como expresión y realización del encuentro. Sentado, en disponibilidad; postrado, en adoración; con las manos alzadas, significando tantas cosas...

La oración necesita ser cuidada no sólo en su ejercicio, sino en la vida entera. Por ejemplo, ¿crees que se puede orar sin cierta disciplina interior, sin un ritmo mínimamente sereno de actividades? Entre otras cosas, no conviene olvidar aquello de Santa Teresa, que "oración y comodidad no se compadecen"

  • Lucas 11, 13-16: Jesús despierta la admiración de los que lo ven y escuchan. ¿Cómo reaccionas tú?
  • Mateo 16, 13-16: También hoy Jesús te pregunta: ¿Quién soy yo para ti?
  • Marcos 6, 1-3: Jesús es admirado por su sabiduría.
  • Marcos 10,41-45: Jesús no vino para ser servido sino para servir y dar su vida por nosotros.
  • Mateo 10, 37-39: Jesús quiere que en su amor se reubiquen todos los demás amores humanos.
  • Lucas 14, 28-33: A Jesús no le gustan las cosas hechas a medias.
  • Mateo 10, 34-36: Seguir a Jesús supone cortes radicales.
  • Marcos 3, 1-6: Jesús no obra o deja de obrar por el "que dirán”.
  • Mateo 23, 13-28:Jesús dice la verdad y condena la hipocresía.
  • Juan 13, 4-17: Jesús es humilde y nos invita a serlo.
  • Mateo 25, 32-46:Jesús se identifica con los pobres y los que sufren.
  • Marcos 2, 1-12: Jesús tiene predilección por los despreciados.
  • Lucas 6, 20-23: Jesús atiende especialmente a los pobres y los que sufren.
  • Juan 2, 23-25: Jesús conoce nuestra debilidad.
  • Mateo 18, 21-22:Jesús sabe perdonar y nos invita a perdonar.

CUESTIONARIO

1. Escribe la frase de la carta que más te ha llamado la atención.

2. Después de leer de nuevo cada uno de los tres grandes párrafos de esta carta, trata de confrontar tu proceso vocacional con los tres momentos de la vocación de Jesucristo allí presentados:

a) Ante Jesús que toma conciencia de su propia vocación.

b) Ante Jesús que clarifica su vocación y vence las dificultades que se oponen a ella

c) Ante Jesús que orienta definitivamente su misión hacia un campo determinado: la liberaci6n de los pobres y oprimidos.

Anota los resultados de tu reflexi6n, tal como te encuentras en este momento ante cada uno de estos tres pasos.

 

Respuestas, dudas, aclaraciones, preguntas... a: info@pastoralvocacionalofm.org