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Este proyecto
de Fraternidad Franciscana de Chelva está compuesto por personas
de diferentes estados de vida: laicos, religiosas franciscanas de la Inmaculada,
y religiosos franciscanos. En él se hallan integrados personas
con inquietudes por vivir su día a día con sentido, desde
unas opciones muy concretas como son Jesucristo y el Evangelio y desde
un estilo también concreto como es el de Francisco y Clara de Asís.
Está integrado mayoritariamente por personas que se hallan entre
los 20 y los 40 años, y en el que también se encuentra un
buen grupo de niños, hijos de los anteriores.
El proyecto es crear una fraternidad franciscana de hecho, que puede llegar
a serlo de derecho.
El objetivo fundamental
para llevar a cabo este proyecto es el encuentro de aquellos a los que
el Señor llame y que decidan comprometerse, de manera que ello
nos ayude a crecer como personas, como creyentes y como simpatizantes
del carisma franciscano.
¿Qué supone ser
una fraternidad franciscana?
- en primer lugar, eso, encuentro, roce, tiempo; espacio para la conversación,
el diálogo, la reflexión. Supone estar juntos, reír
juntos, celebrar juntos, compartir juntos, trabajar juntos...
- para que este encuentro provoque comunión, la fraternidad
franciscana tiene un estilo propio, que no exclusivo: la pasión
por Cristo, el enganche con el carisma de Francisco de Asís;
la visión positiva y abierta de las personas en relación
a los demás, no únicamente entre sus miembros, sino con
el resto de gente; la conciencia de que lo importante de la vida radica
en las cosas sencillas las cuales están cargadas de sentido;
saber que no somos todopoderosos sino que como pobres compartimos nuestra
pobreza con los demás..., son algunos de esos elementos que conforman
esta fraternidad.
- este estilo se puede llevar a cabo de muchas maneras. La forma que
nosotros privilegiamos es aquella que pasa por la autenticidad, la sinceridad,
la transparencia, la apertura al otro, las ganas de trabajarse personalmente
y también en relación a los demás, la libertad
ante mis prejuicios, estar dispuesto a arriesgar mi persona, poner ante
los demás lo que soy sin hacerme problemas a ser juzgado (aunque
pueda serlo por parte de alguien), la alegría y las ganas de
vivir sacándole el máximo partido a las experiencias,
al encuentro, al trabajo, a cualquier cosa que hagamos por insignificante
que sea; la responsabilidad de unos con otros: si el otro es o puede
ser mi hermano, su situación, sea la que sea, cuando se salga
de lo cotidiano, me afectará en su singularidad; el amor de unos
con otros: si no nos llegamos a querer, esto no tiene ningún
sentido, es más, Jesucristo nos mandó eso, que nuestra
evangelización fuese el testimonio de amor de unos con otros.
Eso es lo que contagia y eso es lo que penetra en los corazones y en
las vidas de las personas; salir al encuentro del otro y ponerse a sus
pies antes de que el otro venga a mí, reconocer el don que supone
en mi vida las personas con las que comparto esta fraternidad, compartir
también los bienes materiales: desde la comida hasta la solidaridad
con algún miembro en una situación económica precaria...
- esta fraternidad siempre estará expuesta a dificultades. Lejos
de paralizarla, los problemas le harán crecer o, dicho de otro
modo, hará que sus miembros salgan de sí mismos, que se
pongan en escucha atenta al otro, que sepan acoger y comprender, también
hará en muchas ocasiones que se ponga a prueba la capacidad para
perdonar y continuar juntos el camino comenzado.
- finalmente, el valor del convento de Chelva es muy significativo para
los franciscanos y también lo es para quienes lo conocen: este
lugar favorece tremendamente el encuentro con el otro. ¿Por qué?
Porque no hay televisión, ni sofás cómodos, ni
centros comerciales espectaculares, y eso nos hace abocarnos al encuentro
con el otro.
Los medios con
los que contamos para llevar a cabo esta propuesta son cuatro:
1. El trabajo:
el aprecio al convento pasa por contemplar las posibilidades que tiene
para muchas cosas. Dado que se encuentra en una situación de restauración,
creemos importante lo siguiente:
- que el trabajo es manual y, a buen seguro, distinto del que de modo
cotidiano venimos realizando.
- que el trabajo en sí mismo nos hace descubrir muchas cosas
de nosotros mismos: nuestras capacidades y nuestros límites.
También desarrolla nuestra creatividad, nuestra capacidad de
iniciativa, nuestro aguante...
- el trabajo en el convento nos pone de lleno en contacto con la naturaleza,
con todo aquello a lo que le debemos la vida. De este modo, también
es una manera de entrar en comunión con millones de personas
que a día de hoy no pueden elegir entre un trabajo manual u otro
más técnico.
- pero sobre todo, el trabajo posibilita el encuentro con el otro. El
trabajo convoca a personas en un mismo proyecto, posibilita conversar
con el otro, aúna esfuerzos, y eso se transforma en corriente
de vida y de comunión muy grande.
2. La reflexión:
todos necesitamos encontrar sentido a las cosas, a lo que hacemos y vivimos.
A ello nos ayuda sin duda la reflexión, la meditación, y
también la oración. Por ello, y para dar sentido a lo que
nosotros somos como cristianos y como franciscanos, consideramos importante
tener espacios de reflexión.
El proyecto pasa por crecer en nuestro sentido de pertenencia a una espiritualidad
y a un carisma concreto como es el franciscano. Para ello nos serviremos
del libro titulado “Vocación franciscana” del franciscano capuchino
Lázaro Iriarte. Es un libro que presenta los temas principales
de la espiritualidad franciscana. Lo trabajaríamos durante este
año, y al final evaluaríamos. El sentido u objetivo de este
libro es ponernos todos en la onda de lo que supone vivir el carisma franciscano
para nuestros días.
Tampoco se descartan otro tipo de materiales que ayuden a la reflexión
en la dirección antes señalada.
3. El descanso:
entre el trabajo y la reflexión también habrá tiempo
en el que no habrá mucho que hacer, lo cual también es necesario
y oportuno.
Este tiempo también es precioso para continuar compartiendo con
el resto de personas que, quizás porque no hemos coincidido en
el trabajo, quizás porque no hemos tenido ocasión de reflexionar
con ellas, en ese momento hallamos la oportunidad para hacerlo. Facilitarnos
el trabajo, facilitarnos la reflexión, facilitarnos el descanso
son medios para lograr el objetivo general de sabernos vinculados unos
a otros.

4. La celebración:
también sabemos que cuando vivimos algo durante un tiempo que nos
resulta significativo, necesitamos compartirlo por medio de una celebración.
Tanto lo vivido en nuestros hogares y trabajo, como lo compartido en
Chelva lo queremos expresar en una celebración.
Ello supone buscar y plasmar formas de celebración que realmente
expresen esa vida. Para ello, el compromiso es que todos participemos
en la misma, que sepamos integrar a todos los miembros de la fraternidad,
que sepamos recoger los problemas de la gente que más sufre, que
también sepamos abrirnos a otras personas que deseen compartir
esa celebración con nosotros...
De este modo, lo que celebraremos será síntesis de lo vivido
y también tarea para continuar en el futuro acogiendo los desafíos
que desde el mundo y desde la fe se nos plantean.
Y, ¿cómo se va
a concretar todo esto? La metodología que planteamos
es:
- En primer lugar, dedicamos de tiempo una jornada completa. La mitad
de la jornada se dedica al trabajo y la otra mitad a la reflexión-celebración.
Hacemos noche, porque hay personas que vienen de lejos. El compromiso
es reunirnos el sábado a comer, si es posible, o a primera hora
de la tarde, y concluir el domingo al mediodía con la comida.
- El encuentro se realiza una vez al mes.
- La reflexión la realizamos de la siguiente manera: tomamos
para cada mes un tema del libro “Vocación Franciscana”. Una vez
aquí, dedicaríamos un tiempo a la reflexión en
pequeños grupos y otro a la reflexión en asamblea mediante
las notas de los que hiciesen de secretarios, y la posterior discusión.
Si el tiempo diese de sí, también hallaríamos otro
momento para la reflexión personal.
Esto supone un pequeño trabajo en casa: la lectura del capítulo
que tenemos para esa sesión y la respuesta a las preguntas planteadas
en la sesión anterior.
Otras cuestiones de interés:
- Contamos con un grupo de más de diez niños:
ellos quedan plenamente integrados en la dinámica de la fraternidad.
Contando con su nivel, participan en la reflexión y en el trabajo,
guiados por una monitora que, en coordinación con otros miembros
de la fraternidad, preparan materiales adecuados para que puedan reflexionar
y disfrutar del encuentro de unos con otros.
- Sabemos que las cosas, para que funcionen, necesitan de muchas cosas,
entre ellas el dinero. Nos comprometemos a colaborar
económicamente en la medida de las posibilidades de cada cual,
para cubrir gastos derivados del material empleado en el trabajo, de
la comida de los fines de semana...
- Avanzamos paso a paso, dejándonos tratando de dejarnos guiar
por el Espíritu. En ello, no descartamos la posibilidad de que
en un futuro se pueda constituir una fraternidad franciscana
seglar de derecho, esto es, manifestando públicamente a la Iglesia
y al mundo que cada uno de sus miembros quiere vivir en el mundo y en
esta Iglesia el carisma franciscano desde una perspectiva seglar, y
que eso nos compromete con todo el mundo a encarnar los valores evangélicos
que se le dio a vivir a Francisco de Asís.
Conclusión:
Todo camino comporta una serie de riesgos pero también un porvenir.
Nada es fácil en esta vida, y cuando uno quiere una cosa, sabe
que ha de trabajarla y pagar un precio por ella, porque intuye que lo
que va a pagar es nada en comparación con lo que va a recibir.
Por eso, afrontamos los riesgos de crear unos lazos entre personas heterogéneas,
plurales, lo que comporta cuidar la acogida, la escucha, la comprensión.
Pero también sabemos que los que aquí nos encontramos estamos
convocados por el Espíritu. Es Él lo que nos une, y consecuencia
de ello, vendrá la amistad personal. Y porque nos sentimos llamados
a participar en este proyecto, estamos confiados en que el porvenir será
rico. Porque en la medida en que lo pongamos en manos de Dios, nos confiaremos
unos a otros y de este modo se producirá el milagro de la fraternidad.
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